Cabindamérica

BOLETÍN INFORMATIVO DE LA ALTA COMISIÓN DE LA REPÚBLICA DE CABINDA EN LA REPÚBLICA ARGENTINA PARA TODA AMÉRICA LATINA

Número 3 - Marzo 2004 - CABINDA MAILING SERVICE (CMS)

Informative Bulletin of the

CABINDA HIGH COMMISSION OFFICE

to Argentina

Alto Comisionado de la República de Cabinda

en la República Argentina - High Commissioner-:

Prof. Aníbal Gotelli 

 

CABINDAMÉRICA es difundido por la CABINDA PRESS NETWORK (CPN)

-Red Periodística Cabinda- de Argentina, a través del CABINDA MAILING SERVICE (CMS) y materiales informativos provistos por el

CABINDA TRANSLATION SERVICE (CTS) de la Alta Comisión de la República de Cabinda en la República Argentina

CABINDA: EL KUWAIT AFRICANO

La cuestión del petróleo y su impacto sobre la situación social, política y ecológica.

En Cabinda, la tensión se ve exacerbada por la miseria que sufre su pueblo, que vive en un territorio dotado de una vasta foresta de madera valiosa y con tanto petróleo que ya es considerada como el Kuwait africano. A pesar de que Cabinda produce 700.000 barriles de petróleo diarios, correspondientes al 60% de toda la riqueza petrolífera de Angola, país ocupante, los cabindas entraron en una franca regresión en materia de desarrollo humano, en las últimas décadas.

Por causa del petróleo, y por otras razones geopolíticas y estratégicas, la comunidad internacional se mantiene bastante silenciosa sobre el caso de Cabinda, insistiendo en que se trata de un problema interno.

En la Conferencia llevada a cabo los días 8 y 9 de julio de 2003 en el Centro Cultural de Chiloango (Cabinda) y denominada “Una Visión Común para Cabinda”, se arribaron a muy importantes conclusiones que seguro revestirán, en un futuro próximo, mucha importancia para volver a ordenar la vida socio-política de Cabinda una vez que la independencia le sea restituida.

En dicha Conferencia, y luego de intensos y ricos debates y deliberaciones entre las 1.500 personas que asistieron a ella, se emitieron muy importantes documentos de consulta para comprender una visión integral de Cabinda. Sin embargo, hay dos que trataron, específicamente, la cuestión del petróleo cabindés.

El primero son las llamadas “Recomendaciones” de la Conferencia, redactadas como conclusión acerca de todos los temas tratados en el encuentro. En efecto, el punto 4 de dicho documento “recomienda” a la empresa Chevron Texaco: 4.1.) Que respete estrictamente los derechos de los trabajadores locales, naturales de Cabinda, poniendo fin de inmediato a su discriminación; 4.2.) Que proceda, de modo serio, a una revisión del “proceso de angolanización” de la empresa, dando especial atención a la contratación de naturales del territorio, en función de sus competencias; 4.3.) Que abandone definitivamente su complicidad activa con las estructuras de represión del estado (de Angola); 4.4.) Que proceda al desmantelamiento de las minas circundantes a sus instalaciones (Malongo), por violar el Tratado de Ottawa sobre la prohibición de la utilización de minas anti-personas, ratificado por la propia Angola; 4.5.) Que proceda a la limpieza inmediata de las playas y restantes áreas de la costa marítima, altamente contaminadas, por causa de su actividad; 4.6.) Que continúe indemnizando, pero de forma seria y responsable, a todas las víctimas de su actividad, en especial a los pescadores; 4.7.) Que se abstenga de tomar medidas de despido contra los cuadros administrativos locales que se encuentran desarrollando actividades cívicas; 4.8.) Que publique las cuentas relativas a la exploración del petróleo y de sus transacciones con el Gobierno de Angola, como forma de contribuir a la transparencia y apartarse de la corrupción institucional que desvía los beneficios del petróleo en perjuicio del desarrollo y bienestar de los ciudadanos; 4.9.) La Chevron Texaco, como mayor contribuyente financiero del estado angoleño, tiene la obligación de asumir una postura responsable y no de agente corruptor y cómplice en el subdesarrollo de una nación rica en recurso naturales.

El otro documento, es un excelente trabajo escrito y expuesto por el Dr. Francisco Luemba, abogado cabindés, cuyo título es “La cuestión del petróleo, su impacto sobre la situación social y económica y el papel de las multinacionales” y que vamos a transcribir aquí para dar una clara explicación de la incidencia del asunto del petróleo en la ocupación y en la interrupción del proceso de institucionalización del pueblo de Cabinda.

 

Introducción.

En el extranjero, cuando se habla de Cabinda, se piensa en el petróleo. Para muchos, Cabinda es sinónimo de petróleo. Sin embargo, para nosotros Cabinda no es más ni menos que la tierra de los cabindas; pero, indudablemente, una tierra que produce petróleo, mucho petróleo.

El petróleo entró en la historia de Cabinda en el siglo pasado, en la década del cincuenta. Fue, en efecto, en 1957, que la Cabinda Gulf Oil Company obtuvo una licencia de exploración de petróleo en el territorio cabindés. Pasados algunos años, se inició la explotación y diez años después de otorgada la concesión, Cabinda comenzó a exportar petróleo.

A partir de entonces, el petróleo pasó a condicionar la vida, a determinar el rumbo de la historia, a inspirar y a definir las alianzas y las estrategias que se diseñaron, casi todas, en contra de los propios cabindas.

Si el petróleo de Cabinda tiene un nombre, representa un modelo o estilo de vida y se identifica con una marca o símbolo, ellos son -sin duda- los de la Chevron Texaco, encargada de encarnar y promover, en nuestro suelo, los valores americanos, sociedad democrática por excelencia.

La tierra del petróleo es esencialmente el Malongo, considerado por muchos como “territorio americano” (es decir, norteamericano). El Malongo está separado del resto del territorio de Cabinda por una frontera clara, visible y que no puede ser traspasada, además de bien defendida. Dicha frontera está señalada por un cerco de alambre y protegida por una fuerza policial, una compañía de seguridad privada y un cordón de minas, además de dos unidades militares instaladas en sus inmediaciones.

Además del espacio terrestre, que alberga la base logística y administrativa y los tanques de almacenamiento de crudo, el Malongo tiene además un área marítima, de acceso igualmente vedado, donde se hace la exploración y la explotación del petróleo. Aunque allí la frontera no sea visible e intraspasable como en tierra, la navegación y las actividades pesqueras en toda la zona se encuentran prohibidas.

De manera muy breve, hablaremos de la explotación del petróleo en Cabinda, ello es, de la práctica de las multinacionales petroleras y de las consecuencias de dicha actividad en los dominios social y económico.

 

La explotación petrolífera. Prácticas y usos abusivos.

Hablar de la explotación de petróleo, es hablar de las multinacionales. Aunque sean varias las multinacionales con intereses en el petróleo de Cabinda, apenas una manifiesta su política de manera clara, pública y abierta: la Chevron Texaco, que opera bajo la denominación de Cabinda Gulf Oil Company, Limited, o CABGOC.

La Cabinda Gulf Oil Company, Ltd, CABGOC, nació como una filial de la multinacional norteamericana Gulf Oil Corporation. En 1984, con la adquisición de ésta por la Chevron, la CABGOC pasó a ser una filial de dicha multinacional; y finalmente, con el nacimiento de la Chevron-Texaco, fruto de la unión de la Chevron y la Texaco, la CABGOC pasó a formar parte de la “família” Chevron-Texaco.

Si todo lo que representa el prestigio, la tecnología y los valores norteamericanos sugiere la “american way of life” y transporta el llamado sueño americano; la presencia de Chevron Texaco en Cabinda no es, en cambio, una oportunidad o una bendición para los cabindas. Ello es así, pues en lugar de la “american way of life”, nos impuso lo que podría llamarse, tal vez, una especie de “american way of strife”, que transformó el sueño americano de libetad, igualdad de derechos y de oportunidades, justicia y dignidad, en una verdadera pesadilla.

La postura de la Chevron-Texaco puede ser sumariamente analizada en dos vertientes: la lucha permanente contra las libertades democráticas y los Derechos Humanos por un lado; y por el otro, la alianza y la asociación de carácter estratégico que tiene dicha corporación con las autoridades angoleñas de ocupación.

 

Violación de los derechos y libertades.

La acción de la Chevron-Texaco se caracteriza, en primer lugar, por la práctica constante de discriminaciones, injusticias y arbitrariedades que son contrarias a los principios de igualdad, de justicia y de libertad.

La política de discriminación se revela, por un lado, en el tratamiento reservado a los africanos, en relación a los norteamericanos; y por otro lado, entre angoleños y cabindas.

 

Régimen laboral discriminatorio.

El tratamiento reservado a los trabajadores norteamericanos es privilegiado en relación al de los otros trabajadores. Tienen excelentes condiciones de trabajo, ejercen los más altos cargos de jefatura y sus salarios son superiores. Para una misma función, igual competencia e idéntico régimen de responsabilidad, el norteamericano gana cuatro o cinco veces más de lo que gana su colega africano.

La discriminación es, también, notoria entre angoleños y cabindas. Los primeros se benefician de las mejores condiciones de trabajo y de salario y gozan de excelentes oportunidades de formación y de promoción.

Los cuadros angoleños son admitidos en el grado salarial 12, con un contrato por tiempo indeterminado, y son rápida y fácilmente promovidos; los cabindas entran en el grado 8 o 9, tienen un contrato por tiempo determinado y sólo obtienen la estabilidad en el empleo después de haber dado bastantes pruebas de su labor, competencia e idoneidad; y a pesar de ello, son promovidos difícil y raramente.

El programa de angolanización de los cuadros es implementado de tal manera que los cabindas están convencidos de que ello es claramente contrario a sus derechos e intereses; convicción de cierto modo confirmada por el actual Director de Producción que, refiriéndose a la manera como se debe lidiar con los cabindas decía: “abrir los ojos y apretar más”.

Así, la Chevron-Texaco viola los principios de la igualdad de derechos y de oportunidades y de un salario igual por un trabajo igual; del mismo modo que viola otros Derechos Humanos.

 

Acción contra los derechos y las libertades.

Los trabajadores del Malongo no gozan de sus derechos sindicales. Las actividades sindicales son prohibidas. Los trabajadores, en particular los cabindas, no tienen siquiera derecho a reclamar o de hacerse valer. Deben apenas trabajar rápido y bien y ejecutar pronta y ciegamente las órdenes recibidas, aunque les parezcan flagrantemente injustas, desajustadas o absurdas.

El derecho a la privacidad es también violado constantemente. No sólo los trabajadores se sienten sistemáticamente vigilados por colegas, además son permanentemente controlados por medios cibernéticos que registran cuidadosamente las llamadas telefónicas que hacen o reciben, los web sites que visitan, y los e-mails que reciben o envían.

La Chevron-Texaco influencia, controla, manipula o forma opinión “pagando” a los responsables y a algunos periodistas de los órganos de información oficiales, influyendo directa o indirectamente en el ejercicio de la libertad de información y de opinión.

Por otro lado, la CABGOC practica una política de reserva, absolutamente contraria al moderno principio de la transparencia. Por ello, se manifiesta claramente contra el programa “publique lo que paga”.

Finalmente, en el ámbito de los procesos intentados contra ella por algunos pescadores en el año 2000, como consecuencia del gran derrame de petróleo de diciembre de 1999, la CABGOC tentó de actuar contra la independencia y soberanía de los tribunales procurando obtener el apoyo y la intervención de las autoridades políticas.

Todo ello demuestra, con absoluta claridad, que la postura actual de la Chevron-Texaco, como acontece con muchas otras multinacionales, es contraria a los principios de democracia. Y además, y lo que es peor aún, camina de la mano del régimen angoleño de ocupación que actualmente gobierna Cabinda y no quiere devolverle su independencia.

 

Alianza sólida con el Régimen angoleño.

Siendo responsable de cerca de 2/3 de la producción de petróleo que exhibe Angola “como producción propia”, se comprende de inmediato que, a los ojos del Gobierno angoleño, la Chevron sea un socio estratégico, dado el peso económico y político del oro negro, el papel desempeñado por la corporación (sea voluntaria o involuntariamente) y la contribución de aquélla en la implementación de los principales programas y objetivos gubernamentales, tanto los manifiestos o como los secretos.

Siendo un socio estratégico del Gobierno, la CABGOC se beneficia de un status privilegiado; presentándose ambos como dos caras de una misma moneda (dominium et imperium, la exploración y la opresión), ayudándose y protegiéndose mútuamente, convencidos de que el destino de una depende (en gran parte) del éxito de la otra. Lo que explica y determina la conspiración contra Cabinda, “juntos contra la comunidad”.

 

Colaboración estratégica entre el petróleo y el poder.

El papel de la CABGOC no se limita solamente a alimentar los inmensos medios financieros que la guerra reclama. Participa de manera más directa, especialmente con el avión (Scan Air) abiertamente afectado a la seguridad industrial que est también un avión de reconocimiento dotado con modernos y eficientes medios de observación, de detección y de escucha, al servicio de la guerra todavía en curso contra los Cabindas.

Pero la CABGOC participa también indirectamente en el financiamiento de muchas operaciones secretas obscuras. Por eso, la CABGOC se opone a la implementación del programa “publique lo que paga”; contribuyendo así a la obscuridad y la falta de transparencia de los fondos del petróleo.

Por estas y otras razones, las incidencias sociales y políticas de la explotación de petróleo son globalmente negativas.

Consecuencias sociales y económicas.

De un modo general, el petróleo produce efectos perversos y negativos en las economías de los países productores: crea grandes distorsiones, dificulta la integración y la coordinación de las diferentes ramas y, muchas veces, provoca la falencia de los sectores no petrolíferos.

A pesar de todo, en los países donde hay una conciencia clara de la situación y de una voluntad política afirmada, el petróleo garantiza un rápido y apreciable desarrollo social, económico y cultural.

Veamos lo que le pasa a nuestra tierra, Cabinda.

 

En el dominio social.

Estancamiento y falta de realizaciones.

La situación puede ser fácil y directamente observada por cualquier persona, mismo por la mas distraída. Contrariamente a la situación de algunos países, en los que el petróleo permitió la adopción de políticas sociales más justas y más equilibradas y ofreció mejor calidad de vida a sus habitantes, en Cabinda todavía no se registró ningún beneficio digno de ser destacado.

En algunos países, el petróleo hace surgir agua del desierto, en otros, tornó potable el agua del mar. Pero, en Cabinda, a pesar de los inmensos recursos hídricos de los que disponemos, el petróleo no consigue siquiera dar agua potable a la población.

Cabinda no tiene energía eléctrica ni posee las más elementales infraestructuras sociales. Se registra falta de hospitales, escuelas, redes de desagües, alojamientos sociales, etc..

En vez de construir, el petróleo contribuye a la destrucción, especialmente a través de la contaminación del medio ambiente.

 

Destrucción del medio ambiente.

La consecuencia más nefasta de la producción del petróleo es, sin ninguna duda, la contaminación y la destrucción del medio ambiente. Esta situación viene acompañando y caracterizando las actividades petrolíferas desde el inicio.

Para comenzar, la instalación de plataformas y de sondas y la instalación de oleoductos y pipe-lines ha requerido la destrucción de muchos arrecifes naturales y, consecuentemente, de varios ecosistemas.

En los últimos años, sobre todo entre 1999 y 2001, se registran numerosos derrames de petróleo que contaminaron el mar y provocaron considerables daños en los recursos marinos. Dichos derrames no dieron lugar a ningún estudio de impacto ambiental serio y completo. Se trató, apenas, de tapar las señales más visibles.

Más allá de ello, desde el inicio de la explotación, se realiza la quema sistemática de gas. Esta operación no puede dejar de tener consecuencias en las alteraciones climáticas que se registran en la región, en la contaminación global del planeta y en la disminución de la capa de ozono. Gases eventualmente con efecto de estufa son directamente lanzados para la atmósfera, como aquél cuyo escape infecta la planicie del Ikona.

Las aguas de descarga son devueltas al mar sin los exámenes químicos indispensables. Hay muchas fosas de descarga en el Malongo, que arrojan residuos, eventualmente tóxicos o contaminantes, para el mar. Las carreteras del Malongo son “pavimentadas” con aceite, que a veces se infiltra y llega hasta el mar.

Todos ellos son algunos de los varios costos sociales de la explotación del petróleo, con consecuencias igualmente negativas en la economía.

 

Consecuencias económicas.

Como mínimo, cualquier país productor de petróleo puede dotarse de bellas, vistosas y funcionales infraestructuras. Algunos se dan, asimismo, el lujo de crear “elefantes blancos”. Aquí la situación es totalmente diferente. Se registra una absoluta falta de todo.

 

Infraestructuras económicas.

En Cabinda, no hay ninguna inversión relevante financiado por el petróleo. Las únicas inversiones que se realizan son las requeridas para la propia producción.

La CABGOC ni siquiera tiene una oficina de representación digna de dicho nombre, ya que su sede debe estar junto a su socio estratégico y privilegiado. Asimismo, la concesionaria de ese petróleo, la Sonangol, tiene instalaciones indignas. Además de la falta de estética, su edificio ni siquiera es funcional y, además, tiene filtraciones de agua por todos lados.

Las grandes infraestructuras indispensables en una economía, Cabinda no las tiene. Ni puerto comercial, ni aeropuerto dignos, carreteras, emprendimientos industriales o complejos energéticos.

El petróleo no consigue siquiera dar un puerto a Cabinda, pese a la gran necesidad de uno.

En Cabinda, el petróleo no contribuye al desarrollo, antes lo impide y lo compromete.

 

Impacto negativo en la economía.

En primer lugar, debemos constatar que el petróleo ha venido contribuyendo a destruir gradualmente la economía de Cabinda. Ya arruinó a los pescadores, como consecuencia directa de la explotación petrolífera. La pesca artesanal está en decadencia; prácticamente ya no consigue alimentar al pescador y a su familia.

Indirectamente también está arruinando la agricultura de subsistencia, a través de la guerra que fomenta y sostiene. Finalmente, es el principal responsable de la inestabilidad social y económica que se vive en el territorio de Cabinda.

Por otro lado, el rendimiento del petróleo no financia la economía, pues no entra prácticamente en el circuito económico local. Primero, porque las empresas del ramo no pagan ningún impuesto localmente. Segundo, porque los extranjeros que trabajan en el Malongo y ganan buenos salarios no gastan su rendimiento en el territorio. En tercer lugar, porque los propios trabajadores locales deben adquirir -directa o indirectamente- los bienes de consumo corriente e industriales del extranjero, para donde va prácticamente todo el dinero del petróleo, dado que el mercado local no produce casi nada, por causa del petróleo y de la situación creada por él.

El petróleo desarticuló el embrionario sistema económico, que no produce más nada que el propio crudo.

Finalmente, en cuarto lugar, porque los famosos diez por ciento son distribuidos unilateral y discriminatoriamente por quien manda, de acuerdo con sus intereses.

El Malongo es un auténtico ghetto que impide hasta el contacto, el conocimiento mutuo, el diálogo de culturas y el intercambio de experiencias. Por esta razón, si los trabajadores extranjeros dan algo al Malongo, no dan absolutamente nada a Cabinda.

Así, podemos constatar que el impacto social y económico del petróleo en Cabinda es absolutamente negativo.

Entonces, me pregunto: ¿no podemos más que lamentarnos, maldecir el petróleo y resignarnos?. NO. ABSOLUTAMENTE NO.

Conclusiones y recomendaciones.

No fue mi propósito crucificar a la Chevron, imputándole todos nuestros males. Reconozco que ella no es la mayor culpable de la situación y, sobre todo, no es la única. A pesar de todo, también está sujeta a las leyes del país y apenas procura conseguir mayores ventajas de una situación que no fue creada por ella. Pero no es por ello que vamos a librarla. Tiene su parte de responsabilidad.

El petróleo no es una bendición para Cabinda porque no está al servicio del hombre; sino que fue este último, quien fue puesto al servicio del petróleo. Lo que interesa no es el hombre, sus derechos, intereses y preocupaciones. Sólo parece interesar el petróleo. El hombre es apenas una plus valía petrolera. Y es una plus valía petrolera si se conforma con la situación y se resigna a la condición de siervo de la gleba que le fue impuesta. Pero será lo contrario si cuestiona la situación y resiste.

 

A pesar de todo, la CABGOC es el mayor empleador privado de Cabinda; paga los mejores salarios y ofrece algunos empleos a los jóvenes. Da una formación de alto nivel a sus empleados, lo que constituye una contribución apreciable para la formación de los recursos humanos. Finalmente, participa en el desarrollo de pequeños (pero muy pequeños) proyectos sociales.

Debe quedar claro que nadie quiere correr a la Chevron de aquí. Sólo queremos que ella reconozca nuestros derechos e intereses, contribuya a su promoción y participe en el desarrollo del territorio.

 

Pero para que ella de mantenga y continúe desarrollando sus actividades, debe:

 

Integrarse al medio, considerar los derechos e intereses de la población y mantener un diálogo abierto y permanente con los socios locales, favoreciendo la cooperación, un mejor conocimiento y un intercambio de experiencias, permitiendo un enriquecimiento mutuo.

 

Desentenderse claramente de la política del Gobierno de Angola y limitar los contactos con él a lo estrictamente necesario.

 

Poner término a las discriminaciones, las injusticias y las arbitrariedades.

 

Promover y respetar los Derechos Humanos y proteger el medio ambiente.

Participar en el desarrollo económico y social de la población y contribuir a la formación de los recursos humanos, particularmente en la divulgación de las nuevas tecnologías, en la enseñanza del inglés y la práctica de la gestión y de la informática.

Adoptar una política social más justa y equilibrada para con sus trabajadores y más activa y más comprometida con la sociedad, de preferencia en cooperación con algunos socios sociales locales.

Participar en la reflexión sobre el futuro, ayudando a preparar la era post-petróleo.

La situación actual no pude continuar por más tiempo, pues ella es injusta e inhumana. Sin el petróleo, seríamos más libres, más saludables, más ricos, y , ciertamente, más felices. Habría menos injusticias, menos violencia y menos miseria y tendríamos un ambiente más sano y una sociedad más próspera y más digna.

Pero el mal no viene del petróleo en sí mismo, viene de los hombres. Y los hombres pueden (y deben) cambiar, regenerarse y abrirse a los otros para formar con ellos una sociedad democrática, justa y fraterna.

 

Ultimas Noticias en Ibinda.com  :  http://www.ibinda.com/noticias.php?op=1

Miembro de la sociedad civil alerta
Occidentales pueden correr riesgo de vida en Cabinda.

2004-02-13 09:42:20

Cabinda - Un miembro de la sociedad civil de Cabinda, que por motivos de seguridad solicitó el anonimato, reveló a Ibinda.com que la proliferación de las empresas petrolíferas en el territorio es motor de las disputas por la sucesión del actual gobernador Aníbal Rocha y no excluyó la hipótesis de que pudiesen morir occidentales en la guerra en Cabinda.

 

Leer Artículo:  http://www.ibinda.com/noticias.php?noticia=530

 

En entrevista a "Ecclesia"
Vicario General de Cabinda acusa a la Chevron-Texaco de ser «actor activo» en el conflicto.
2004-02-14 08:09:35
 
Cabinda - La filial en Cabinda de la multinacional norte-americana Chevron-Texaco se convirtió en un "actor activo" del conflicto en el territorio, de manos con el Gobierno Angolano, denunció el Vicario General de la Diócesis de Cabinda, padre Raúl Tati, en una entrevista difundida el pasado jueves para la Radio Ecclesia.

Leer Artículo:   http://www.ibinda.com/noticias.php?noticia=535

 

 

Reacción a las declaraciones de Van-Dúnen
Bento Bembe afirma que la Resistencia de Cabinda siempre estuvo disponible para negociar con Angola.

2004-02-12 19:04:27
 
Cabinda - Después de la entrevista al Presidente del Frente de Libertação do Enclave de Cabinda/Forças Armadas de Cabinda (FLEC/FAC), Nzita Tiago, a la Radio Voz da América (VOA) se oyeron también las reacciones del Presidente de la FLEC Plataforma, Bento Bembe. El responsable también lamentó la afirmación del ministro angolano del Interior, Osvaldo Serra Van-Dúnen, cuando este último afirmó que Angola desea "un interlocutor idóneo" para resolver la llamada "Cuestión de Cabinda".

 

Leer Artículo:   http://www.ibinda.com/noticias.php?noticia=529

 

 

En reacción a las declaraciones de Van-Dúnen
Nzita Tiago acusa a Angola de mentir cuando afirma "no tener un interlocutor idóneo".
2004-02-11 19:03:12
 
Cabinda - En una entrevista concedida este último martes a la Radio Voz da América (VOA), el Presidente del Frente de Libertação do Enclave de Cabinda/Forças Armadas de Cabinda (FLEC/FAC), Nzita Tiago, reaccionó a las declaraciones del ministro angolano del Interior, Osvaldo Serra Van-Dúnen, según el cual Angola procura un interlocutor «idóneo» para la resolución del conflicto en Cabinda.

Leer Artículo:   http://www.ibinda.com/noticias.php?noticia=521

 

 

Padre considera que éste es «el juzgamiento de la Resistencia"
Paulin Poucouta apela a la movilización cabindesa para la liberación de Arthur Tchibassa

2004-02-18 15:15:13

Cabinda - El padre cabinda Paulin Poucouta apela a la población que reaccione contra la condena de Arhur Tchibassa y denuncia que el "juzgamiento del nacionalista cabindés es en realidad un juzgamiento de la Resistencia", que «podrá sucederle a cualquier cabindés".

 

Leer Artículo:   http://www.ibinda.com/noticias.php?noticia=547

 

 

 

 

SECÇÃO EM PORTUGUES

 

 

 

A INDEPENDENCIA DE CABINDA

 

 

Pediram-me que exprimisse urgentemente o meu parecer, essencialmente em direito político, e mais particularmente à luz do direito internacional, sobre a actual reivindicação da Independência de Cabinda pela FLEC (Frente de Libertação do Estado de Cabinda tanto em relação a Portugal como a angola, à qual Cabinda esteve administrativamente ligada desde 1956, de resto e ao que parece, apenas pôr pura comodidade burocrática.


Seja como for, Cabinda está geograficamente separada de angola. Também o está no plano étnico e, em larga medida, no linguístico ( predomínio da língua francesa sobre a portuguesa ) . Tudo isto, se devo acreditar nas informações que possuo.


O leitor encontrará, a seguir, as conclusões do estudo que fiz sobre os aspectos fundamentais desta questão.


1 - CABINDA : A SUA CONSISTÊNCIA E SITUAÇÃO

Cabinda é um território que actualmente se estende por mais de 10.000 kilómetros quadrados. É pois um pequeno território à escala africana, todavia maior do que a Ilha de S. Tomé, a Ilha de Fernando Pó ou a ilha do Príncipe, vinte vezes maior do que as Seychelles (404 Km² ) e cinco vezes mais extenso que a Ilha Maurícia (1.856 Km² ) ou o Arquipélago das Comores. A Gâmbia mede 10.369 quilómetros quadrados.

a) Recursos

- Quais são os recursos de Cabinda? Separada de angola, ficaria esta privada dos elementos indispensáveis à sua vida?

Os recursos conhecidos do solo e sub-solo de angola propriamente dita, existentes no seu imenso território, bem como as suas riquezas previsíveis, são extremamente importantes. As riquezas privativas do pequeno território de Cabinda, tanto na agricultura (café, cacau, óleo de palma, bananas e géneros alimentícios) como na pesca, na pecuária e também no sub-solo (o petróleo e os diamantes, já em exploração como em angola, e os fosfatos e o manganês) de nenhuma forma seriam indispensáveis à vida angolana nem ao equilíbrio do seu orçamento e permitiriam a existência de Cabinda como Entidade Internacional Viável.

b) População

- Qual é? Diferente, ao que parece, da de Angola?

A População de , Cabinda numericamente comparável à das Seychelles (60.000 habitantes), do Luxemburgo (300.000 habitantes), da Gâmbia ou da Guiné Equatorial (250.000 habitantes), será de cerca de 300.00 Cabindas originários, dos quais apenas um terço reside no seu próprio território, enquanto os restantes trabalham nas vizinhanças, de uma forma mais ou menos estável, nos territórios dos dois estados independentes confinantes: a República Popular do Congo e o Zaire.

Os Cabindas são etnicamente diferentes dos angolanos, como foi sublinhado por S. E. David Charles Ganao, Ministro dos Negócios Estrangeiros da República do Congo, S. E. Bagbeni, Embaixador do Zaire na Etiópia, durante a 24.' Sessão do Conselho de Ministros da 0. U. A., em Addis-Abeba, a 19 de Fevereiro de 1975 (Ver estas intervenções).

Pelo contrário, estes povos são próximos parentes dos do Zaire e do Congo, entre os quais Cabinda constitui um Enclave (Ver também o número 739, pág. 21, do jornal «Jeune Afrique», publicado em 7 de Maio de 1975).

Na medida, parece que muito considerável, em que são instruídos, os Cabindas falam línguas cultas, sendo cerca de 90% francofonos e apenas 10% lusófonos. Apesar do esforço do ensino do português entre a população Cabinda a grande percentagem de francófonos explica pela situação geográfica do território, que constitui um Enclave, relativamente pequeno, entre dois estados francófonos.

A imediata contiguidade destes estados francófonos e o parentesco das suas etnias com as de Cabinda estão na origem da sua evidente diferença em relação às populações lusófonas de angola.

Há, pois, entre os Cabindas e os angolanos, diferenças muito importantes que, ( na hipótese de Cabinda ser definitivamente integrada em angola ) não tornarão fácil a sua convivência quotidiana, a menos que os Cabindas aceitem claramente um regime de vida em comum.

c) A separação geográfica de angola e Cabinda, suas inevitáveis consequências.

Uma faixa de território zaírense, com a largura de uns sessenta quilómetros, separa angola de Cabinda, criando, de facto, certas dificuldades de comunicação entre os dois territórios.

Em meu entender, tais dificuldades agravam-se logicamente com a circunstância de a faixa do território da República Democrática do Zaire - que é necessário atravessar constantemente - assumir para os zairenses uma importância e um interesse estratégicos e económicos que são fundamentais. Com efeito, ela constitui, simultaneamente, o seu único acesso ao mar, a embocadura e o curso inferior do grande rio Zaire, ou Congo, e, provavelmente, a linha de trânsito mais importante para o seu comércio.
A primeira vista, julgo muito improvável que o Zaire possa resignar-se a um direito de passagem contínua, mesmo pacífica, entre angola e Cabinda, se ambos se constituírem num só e mesmo Estado.

Esta situação do Zaire lembra, efectivamente, a da Polónia de 1919 a 1932, com o seu porto de Gdynia, podendo criar uma espécie de novo «Corredor de Dantzig». E um tão terrível precedente internacional revela o perigo resultante de tais circunstâncias Convém recordar que elas produziram outrora, entre a Alemanha e a Polónia, perpétuas fricções, que finalmente conduziram à segunda guerra mundial.

Perante estas realidades, sou levado a duvidar que as populações, quer do pequeno território de Cabinda (que, por si próprio, nunca poderá constituir um perigo para os seus vizinhos) quer da grande angola, possam verdadeiramente desejar a integração num só Estado independente. Também me causaria surpresa que aos estados unidos agradasse perduravelmente essa integração, já que uma tal solução parece, pelo menos à primeira abordagem do problema, poder tornar-se rapidamente explosiva e susceptível de eventuais consequências bélicas que, segundo penso, não podem ser desejadas por ninguém.

III -A REIVINDICAÇÃO DA INDEPENDÊNCIA DE CABINDA, EM RELAÇÃO A PORTUGAL E A ANGOLA, SUA ANTIGUIDADE. EM QUE MEDIDA SÃO CONHECIDOS OS SENTIMENTOS
DAS POPULAÇõES?

As reivindicações de independência, relativamente a portugal e a angola, têm-se manifestado em Cabinda, desde uma data muito próxima da união administrativa de Cabinda a angola, decidida pelos portugueses em 1956.

Com efeito, 0 Movimento de Libertação do Estado de Cabinda (MLEC) foi criado em 1960. Depois, em 1963, nascem dois outros agrupamentos (o Comité de Acção da União Nacional dos Cabindas - CAUNC - e a Aliança do Maiombe - ALLIAMA - que se empenham no mesmo objectivo.

Bem depressa estes dois movimentos sentiriam a necessidade de proceder à sua fusão, que, não obstante as dificuldades que sempre entravam os desígnios deste género, rapidamente se concretiza entre 2 e 4 de Agosto de 1963. Aceitam-se todos os sacrifícios pessoais, para que não haja senão um movimento realmente representativo do Estado de Cabinda (FLEC), cujo líder principal é Luís Ranque Franque. E nisto se pode ver o índice de um verdadeiro patriotismo Cabinda. Pelo contrário, os movimentos angolanos de libertação, em número de três, nunca conseguiram fundir-se, limitando-se a um precário entendimento num pequeno número de pontos, enquanto que a FLEC publicou um pormenorizado programa de acção, tanto no plano político como nos domínios económicos, sociais e culturais, com especial relevo para o objectivo da defesa nacional. De resto, já antes, em 20 de Novembro de 1962, Ranque Franque tinha sido ouvido pela 4a comissão da Assembleia Geral das Nações Unidas (somente em nome do MLEC, então único existente) ( Doc. da 17.' sessão da Assembleia Geral da ONU, 4.* comissão A/C. 4/SR 1391 - 23-XI-1962 - original francês e Doe. A/C. 1392, de 26 -XI - 1962.)

Também não foi sem uma certa surpresa que tomei conhecimento de um acordo celebrado em 15 de Janeiro de 1975 entre os representantes dos três partidos ou «Movimentos de Libertação» de angola, de uma parte, e os representantes de portugal da outra, cujo artigo 3. declara que «Cabinda é parte integrante e indivisível de angola» ( Ver o texto deste Acordo.)

Numa boa leitura deste texto, adivinha-se que esta cláusula foi incluída a pedido dos partidos angolanos. E isto põe imediatamente a questão de se saber se os três partidos angolanos em referência podem ser considerados como representativos da opinião dos Cabindas

A leitura do referido Acordo também me leva a exprimir uma dúvida quanto ao artigo 41. que inclui uma disposição verdadeiramente singular - e talvez mesmo sem precedentes - segundo a qual as candidaturas à Assembleia Constituinte (cuja eleição e reunião estão previstas no mesmo texto), só poderão ser apresentadas pelos Movimentos de Libertação, FNLA, MPLA e UNITA, abaixo designados. Tais agrupamentos são antecipadamente declarados como únicos representantes do povo angolano (subentendido: «e Cabinda»).
Ora, segundo documentos em meu poder, os Movimentos angolanos de Libertação de que se trata talvez não tenham tido senão pouca ou nenhuma audiência em Cabinda, cuja população e intelectuais se agregaram, desde há muito, como já vimos, quase exclusivamente a outras Associações de Libertação.

Em qualquer hipótese, desde 1963 que a FLEC se afirmava como único representante das populações de Cabinda, no seu desejo de independência. E isto, tanto em relação a angola como a Portugal.

Entretanto também me surpreendeu o facto de constatar que a incorporação de Cabinda em angola fosse declarada no artigo 3. do referido Acordo de 15 de Janeiro de 1975, quando a própria constituição portuguesa, na enumeração dos territórios portugueses, distinguia Cabinda de angola. ( Ver os artigos 1. e 2.' da constituição portuguesa de 1933, aos quais, de resto, se hão-de fazer novas alusões.)

Na verdade, todos estes factos me surpreendem. Mas trata-se de factos, que me cumpre enfrentar e apreciar nos seus aspectos jurídicos.

Acresce o facto de que a FLEC parece ter reclamado, em numerosas ocasiões, que se organizasse um referendum em Cabinda, sob a autoridade e garantia da ONU ou da OUA, para se averiguar se Cabinda verdadeiramente desejava a independência, tanto em relação a angola como a portugal.

Tudo isto me leva evidentemente a perguntar se os artigos 3 e 41 da referida convenção de 15 de Janeiro de 1975 correspondem bem a uma exacta e judiciosa interpretação das realidades locais e, nomeadamente, do sentido da opinião Cabinda, já que aí se quis interditar aos partidos propriamente Cabindas a liberdade de se pronunciarem.

III - IMPRESSõES EMERGENTES DO EXAME DOS FACTOS CITADOS

O simples exame do conjunto dos elementos factuais já referidos permite perguntar se, na verdade, seria prudente anexar a angola um pequeno território capaz de se bastar a si próprio, quando, por outro lado, esse território se apresenta como diferente nos aspectos étnico, linguístico e geográfico, e a sua anexação por angola parece susceptível de provocar um dia (talvez próximo) sérias dificuldades de vizinhança pelo menos com um dos grandes Estados vizinhos, sobretudo em virtude do forte argumento de que tal anexação é contrária aos desejos das populações Cabindas.

Trata-se, sem dúvida, também aqui, apenas de um exame das realidades locais, mas considero meu dever dar-vos parte das sérias dúvidas que prevalecem no meu espírito, quanto à prudência das disposições do referido Acordo luso-angolano de 15 de Janeiro de 1975.

E estas dúvidas acabam de aumentar, ao tomar conhecimento, nestes últimos dias, das intervenções dos representantes do Congo e do Zaire, na OUA, em 19 de Fevereiro de 1975. Tais intervenções foram retomadas com particular vigor, em 9 de Abril de 1975, em Dar-esSalam, por S. E. Bula Mandungu Myati, Comissário de Estado do Zaire para os Negócios Estrangeiros . ( Ver os textos destas intervenções, em que me permiti sublinhar alguns passos.)

Também estas declarações devem ser tomadas em linha de conta para o exame da situação real.

SEGUNDA PARTE - A SITUAÇÃO DE CABINDA, EXAMINADA NOS SEUS ASPECTOS HISTORICO - JURIDICOS

- Podem ser levantadas várias questões:

l - EM QUE ATMOSFERA JURíDICA ACONTECEU HISTORICAMENTE, A AQUISIÇÃO de angola e CABINDA por portugal ?

Aqui, é preciso recuar até a origens por vezes longínquas. Com efeito, houve os navegadores portugueses que, a partir do século XIV, (Em vigor, a partir do século XV. ) descobriram o que chamaram os Reinos de N'Goyo, de Kakongo, e de Loango, situados numa região muito vasta e imprecisa, estendendo-se talvez desde a actual Costa do Marfim até aos arredores de luanda, muito ao sul da embocadura do Zaire, Região que, de resto - repito foi muito vagamente descrita nessa época.

a) A aquisição de Cabinda, essa, é recente e muito bem conhecida. Resulta de três tratados de Protectorado, celebrados em fins do século XIX, a saber:

- o Tratado de Chinfuma, de 29 de Setembro de 1883;

- o Tratado de Chicamba, de 20 de Dezembro de 1884; e

- o Tratado de Simulambuco, de 1 de Fevereiro de 1885, que, de alguma forma, terá anulado e substituído os dois anteriores.

Comecemos por situar este tratado no seu contexto jurídico internacional e mesmo mundial.

Quando ele surge, os Estados europeus, desde há anos em plena expansão colonizadora nas costas africanas, tentam consolidar e desenvolver, ao menor preço possível, as suas extensas e numerosas possessões.

Define-se a intenção de partir da costa para o interior do Continente Africano.
Mas produzem-se choques entre os Estados colonizadores: aquele que desembarcou em determinada região e lá deixou alguns soldados ou comerciantes, ou celebrou um acordo oral ou escrito com tal ou tal chefe soberano local, repara que outro Estado tenta instalar-se ali, onde ele julga ter adquirido títulos de posse mais antigos ou mais válidos.

Sente-se a necessidade de estabelecer regras que reduzam o número de conflitos, já existentes ou potenciais, e facultem os meios de resolver e apreciar a validade das pretensões de cada um.

A chegada de Brazza à África negra, tal como a de Stanley, na fase aguda da sua competição, situa-se entre 1879 e 1882.

Brazza, ao Norte, vai abrir ao Congo uma saída para o mar e Stanley, mais ao sul, chegará, até à própria embocadura do rio. (Estamos muito perto de Cabinda).
Na Europa, a Conferência de Berlim, de 1885, reunida para tentar resolver as dificuldades surgidas entre Estados colonizadores, que acabámos de evocar, trabalha numa atmosfera um pouco tensa, gerada na competição entre Brazza e Stanley. A sua ordem do dia ressente-se disso. Acusa a preocupação de examinar mais especialmente a situação numa grande parte das vastas extensões da África ao sul do Sara, e definir uma certa «Bacia Convencional do Zaire» onde se imporão certas normas que vai proclamar.
Algumas das potências representadas em Berlim, que ainda não estavam fortemente empenhadas na expansão colonizadora mas sonhavam com isso, mostraram tendências para perguntar que género de ocupação, em determinado lugar e em relação aos países vanguardistas nesta matéria, deveria ser considerada como visível e efectiva e se ela deveria incluir pelo menos um começo de organização administrativa e a sua respectiva comunicação as outras potências. Tal foi o caso da Alemanha.

Outros Estados europeus, em plena corrida de apropriação de territórios, muito especialmente a inglaterra, desejavam, pelo contrário, a admissão de critérios muito flexíveis: a ocupação; a acessão (modos originários de aquisição da terra, quando ela é «res nullius») que desde há muito estavam consagrados. A aquisição por conquista ou cessão por parte de um antigo possuidor, também eram admitidas (Ver Fauchille -Tratado de Direito Internacional Público. Tomo 1, 2.' parte PAIX 1925 n.' 532 e segs.;).


Mas, se nenhuma autoridade atribuiu ou reconheceu a posse de um território, ou se essa autoridade não for admitida por todos, será necessário colher de certos índices a prova da descoberta pelo colonizador, da presença deste no território e, mesmo, da realidade da sua instalação. Ora, se o território em causa está desabitado, esta prova pode ser difícil. E também o é, muitas vezes, até quando está habitado.

Acresce que, sob este aspecto, surge frequentemente uma questão suplementar: a da legitimidade da alegada instalação.

Em Berlim discutiu-se toda a espécie de teses sobre estes pontos.

Duma maneira geral - dirá a maior parte dos membros da Conferência -é necessário que exista uma ocupação real e efectiva do território anexado, com a respectiva comunicação às potências. Mas, em resultado dos esforços da grã bretanha, será admitida uma excepção, baseada numa prática já antiga. Principalmente quando se trate de um «protectorado», a ocupação poderá ser bem menos efectiva; e nesse sentido serão redigidos os artigos 34 e 35 da Acta de Berlim de 26 de Fevereiro de 1885, onde se admite que, neste caso, e uma vez que haja notificação às potências, pode bastar uma concretização da posse bastante fictícia, mesmo sem que exista, no local, uma autoridade suficiente para fazer respeitar os direitos adquiridos, registando-se, todavia, o envio de um agente ou de um cônsul. «Tal processo, muito económico, será bastante para salvaguardar e conservar os direitos do Estado protector » - escreve Fauchille comentando os resultados da Conferência de Berlim sobre este ponto, no seu grande Tratado do Direito Público Internacional (1925 - 1. parte, n.o 558, pág. 777).

O texto, na verdade pouco exigente, da Acta de Berlim vai servir grandemente todas as potências já instaladas, ou em vias de instalação, na Costa de África, para consagrar e confirmar as suas recentes actuações: a ocupação pode ser fictícia, no caso de se desenvolver em regime de protectorado.

Sem dúvida, a doutrina considera que a ocupação pelo Estado dito «protector» não precisa de ser «real», quando o Estado protegido é um verdadeiro Estado de Direito Internacional. Pelo contrário, entende que a ocupação deve ser «real» quando o Estado protegido não preenche estas condições e não existe senão numa forma rudimentar. (Ver Fauchille, ibidem n.o 558, pág. 780, e os numerosos autores por ele citados).

É isto que resulta da solução «cómoda» da Acta de Berlim. As potências colonizadoras, que conseguirem esta redacção dos artigos 34 e 35 da Acta de Berlim, vão utilizá-la largamente para celebrar «Tratados de Protectorado. que, desde agora, lhes permitirão assumir a posse e o título, (muitas vezes sem a intenção de uma futura anexação), sem suportar os encargos e responsabilidades de uma verdadeira administração do território. ( Ver também sobre este assunto, e no mesmo sentido, Despagnet, Ensaio sobre os Protectorados, pág. 219 e segts., e vários autores, como Hall «Foreign Powers and Jurisdition of the british crown», pág. 214; Westlake, Etude sur les Príncipes de Droit International, pág. 194, bem como Jaze e Lawrence, citados por Fauchille, ibidem, pág. 778. African Boundary Problems, 1969, pág. 9 a 16. A. Allot «Boundaries» and the law in Africa». )

É visivelmente no quadro das tendências e hábitos rotineiros da época, consagrados, a 26 de Fevereiro de 1885, pela Acta de Berlim, que acontece a celebração dos acordos de Protectorado português referentes a Cabinda e, nomeadamente, o Tratado de Simulambuco, de 1 de Fevereiro de 1885. ( Ver ainda, sobre esta prática, todos os desenvolvimentos de Fauchille, Tratado de Direito Internacional Público 1925, 2.1 parte, Livro 1, cap. 2., n., 558, pág. 776 a 780. )

b) A posse de angola, desde o século XV ao século XVIII, essa resulta de situações de facto e de direito muito diferentes.

As origens da Colónia de angola são muito antigas. Aí surgem os portugueses desde o século XV, entre 1482 e 1486 ( Ver sobre este assunto a «Encyclopoedia Universalis», pg. 1075. tomo 1. 1968.) , porque é no decorrer desses anos que o navegador Diogo Cão explora a costa da actual angola e toma posse do território, segundo o uso do tempo, erigindo «Padrões» (colunas de pedra, encimadas pelas Armas de portugal).

Nos séculos XVI e XVII, a penetração portuguesa estende-se para o interior e continuará, episodicamente, com a instalação de postos de abastecimento e pequenos fortins. De resto, esbarrará com uma obstinada resistência das populações, (o que não acontecerá em Cabinda, onde os chefes que assinam o Tratado de 1885 parecem efectivamente tão representativos da população que esta aceita imediatamente o que eles decidem). Em angola, os portugueses tiveram bastantes dificuldades em ultrapassar uma perseverante oposição, que é um facto durante os séculos XVII e XVIII, especialmente da parte dos Bantos e, nomeadamente, da tribo N'Gola que, de resto, dará o seu nome ao território.
Durante este período, acontecerá até que os holandeses, concorrentes europeus, conseguirão rapinar angola a portugal (1640 a 1648). Mas os portugueses recuperaram-na em 1648 e, desde então, consolida-se o seu domínio, não obstante as lutas constantes contra os aborígenes.

As fronteiras actuais de angola - desde há muito intensamente ocupada - foram fixadas e reconhecidas pelas Potências signatárias da Conferência de Berlim em 1884/85.
Desta forma, o contexto histórico da instalação dos portugueses em angola, no século XV, e em Cabinda no século XIX, aparece já muito diferente. Um exame mais aprofundado evidenciará ainda mais este facto, porque os conceitos jurídicos e a «atmosfera do direito» que rodeiam os dois acontecimentos são ainda mais diferentes.

Com efeito, até ao século XVI, a aquisição de territórios não se apoiava apenas nem sobre a descoberta nem sobre a tomada de posse (que entretanto são invocadas como muito importantes) mas também, na maioria dos casos, e muito especialmente no caso de portugal, no consentimento ou acordo do Romano Pontífice . ( Ver Fauchille, idem, 1925 (n.* 538, pag. 685).)

Com efeito, o Papa, pelo menos durante a Idade Média, tinha a pretensão de poder atribuir os Impérios, tanto nas terras habitadas como nas desabitadas.
Recordamos que um Papa depôs João Sem Terra, rei de inglaterra, outro (Gregório Vil) obrigou o Imperador Henrique IV a pedir-lhe perdão em Canossa e que vários Pontífices, não só julgaram poder dispor dos Estados mas até inclusivamente o fizeram. Pelo menos depois de Gregório Vil (1073 a 1085) (Ver Fauchille, Tratado, op. cit. Tom. 1, 2.8 parte, PAIX 1925, pág. 685 e segts. Ver também Sibert, citado por Fauchille. Poderemos até encontrar precedentes muito antigos nas correspondências pontifícias com Pepino o Breve e !na sagração de Carlos Magno, no ano 800.) , o Papa considera-se, durante vários séculos, o Senhor de todos os reinos deste mundo. Neste sentido, deve citar-se nomeadamente a Bula «Unam Sanctam», de 18 de Novembro de 1302, de Bonifácio Vil, e outros actos a que mais adiante nos vamos referir.

A descoberta, o desembarque nos locais, tudo combinado com uma bula do Papa, que antecipa a autorização ou ratifica a tomada de posse, parece ser o título dos portugueses em Angola.

Com efeito, os portugueses beneficiam de várias bulas de Martinho V e de Eugênio IV (entre 1417 e 1447), bem como de Nicolau V que, em 1452 e 1454, concede a Portugal a Costa da Guiné (de resto, com limites muito vagos). Acresce que tudo isto é confirmado por Sixto IV, sem falar, enfim, da famosa «Bula Alexandrina», de 14 de Maio de 1493, pela qual Alexandre VI divide entre os portugueses e os espanhóis o mundo a colonizar.

Na verdade, convém acrescentar imediatamente que os favores concedidos pelos Pontífices aos portugueses não serão reconhecidos por todos os soberanos cristãos, ao menos perdurável mente.

Desde o século XVI que se verá, por exemplo Francisco 1, rei de França, pedir que lhe mostrem a cláusula do testamento de Adão que o priva do direito de colonizar territórios.

De tudo isto se conclui que os direitos de portugal sobre angola, nessa época, em sua essência, se apoiam simultaneamente na prioridade da descoberta, na implantação da Bandeira, duma Cruz ou de uma coluna com as Armas de portugal e sobre as bulas do Papa . ( Das quais Bulas Pontifícias, os Estados que delas beneficiam fazem naturalmente a mais ampla interpretação possível. )

Outros exploradores de nações menos favorecidas pela Chancelaria Romana hão-de contentar-se com os mesmos simples sinais de tomada de posse. É, por exemplo, o que fará Jacques Cartier, um pouco mais tarde, no Canadá.

c) Verifica-se, pois, uma completa oposição entre as atmosferas jurídicas, os processos utilizados e as épocas, quanto à aquisição dos direitos portugueses sobre angola e dos mesmos direitos sobre Cabinda.

0 ambiente jurídico da instalação de portugal em angola não tem qualquer relação com o acordo das populações ou dos seus representantes. Enquanto que o seu estabelecimento em Cabinda, nos fins do século XIX, por força dos tratados já referidos (e principalmente do de Simulambuco) revela já na «opinio juris» internacional, um começo de admissão de um «certo direito dos povos a dispor de si próprios», visto que se recorre ao consentimento dos chefes que então os representam. No fundo, também nas disposições da Acta de Berlim existe igualmente a aceitação desta ideia, embora de forma primitiva (combinada sobretudo com o desejo prevalecente de assegurar um começo de protecção dos interesses dos europeus estabelecidos em territórios coloniais). Resulta deste texto que, se os Príncipes locais deram o seu consentimento a um Tratado de Protectorado, aceitaram os princípios de um começo de administração regular, pelo que não é necessária uma verdadeira ocupação pelo colonizador, pois se encontra de alguma forma assegurada - bem como um começo de segurança para os estrangeiros - pelos Príncipes locais, em si próprios, e por uma espécie de acordo, ao menos provisório, dos seus povos.
Ora, é exactamente isto que resulta do Tratado de Simulambuco.


III -EXAME DOS TRATADOS DE PROTECTORADO, CELEBRADOS ENTRE PORTUGAL E OS REPRESENTANTES DE CABINDA

Um exame especial dos tratados de Chinfuma (1883) e Chicamba (1884) seria inútil porque esses tratados são retomados e desenvolvidos pelo de Simulambuco.

a) Quais os compromissos que, no mínimo, parece terem sido assumidos por portugal no Tratado de Simulambuco?

O tratado é precedido dum «requerimento» que alude à elaboração de uma doutrina europeia sobre a matéria, numa velada referência à Conferência de Berlim, que nessa altura está em sessão mas ainda não publicou a sua Acta final. Nesse requerimento, «os Príncipes, Governadores e Notáveis de Cabinda» (em número relativamente grande, para tão pequeno território) manifestam o desejo de se colocarem sob a protecção da bandeira portuguesa.

O requerimento em referência tem a data de 22 de Janeiro de 1885.

Os Príncipes e Governadores Cabindas que pedem a protecção de portugal são numerosos e ainda o serão mais na assinatura do Tratado. A maior parte deles vai assiná-lo com uma cruz. Dois assinarão efectivamente com os seus nomes o tratado propriamente dito. E tudo se realiza na presença de testemunhas Cabindas e portuguesas.

Acedendo aos votos que lhe são expressos (e provavelmente de espontânea vontade), o comandante da corveta «rainha de portugal» celebrou com estes chefes, no dia 1 de Fevereiro de 1885, o Tratado de Simulambuco, autenticado, pela parte Cabinda, com vinte cruzes e duas assinaturas.

Todos esses Chefes, não obstante as «explicações», mesmo pormenorizadas, que lhes terão sido dadas, compreenderam o que aceitavam? Terão eles compreendido, nomeadamente, todos os termos jurídicos empregados? Parece-me que é legítimo duvidar, tanto mais que, na sua maioria, não tinham quaisquer habilitações literárias. Mas, se as noções de «soberania», «súbdito da coroa portuguesa», «Protectorado», «Domínio útil» (ou Direito Directo) e «Domínio eminente» lhes serão desconhecidas e quase impenetráveis, mais do que provavelmente e por mais conscienciosas que tenham sido as explicações dadas, também é certo que se não pode duvidar de que todos esses Chefes tenham compreendido que portugal lhes assegurava, pelo menos, a manutenção da sua autoridade e a integridade territorial do seu País.

Isto era simples e fácil de entender. Não exigia competência jurídica, nem muita instrução.

Seja qual for a controvérsia que possa surgir entre os juristas sobre o carácter de Protectorado, de «direito internacional» ou «de direito interno» do regime instituído pelo Tratado de Simulambuco, parece certo, em qualquer hipótese, que os chefes entenderam que ele garantia a integridade do seu território e a continuação da sua autoridade.

b) Teoria dos protectorados. Diversas formas de protectorado. Interpretação do «Protectorado» de Cabinda.

Pode acontecer a tentação de sustentar duas teses, relativamente ao Tratado de Simulambuco. Segundo uns, estamos verdadeiramente em presença dum «Protectorado de direito internacional», entre um Estado protector, mais poderoso, e um Estado protegido (Cabinda) e, por consequência, encontramo-nos no quadro da teoria clássica do «Protectorado internacional». Portanto, a situação seria comparável, por exemplo, à dos antigos Protectorados franceses da Tunísia e de Marrocos.

Nesta hipótese, poderíamos ser tentados a pôr seriamente em dúvida a validade, sob o ponto de vista internacional, do procedimento português de 1956, que anexo angola e Cabinda numa administração amplamente comum.

Mas a teoria jurídica revela-nos que o regime de protectorado é extremamente flexível e pode cobrir situações politicamente muito diferentes, susceptíveis de múltiplas formas e naturezas. ( Ver Lampué - Sumário de Legislação Colonial, 1940, pág. 78, n. 99, e Rolland e Lampué - Sumário do Direito dos Povos do Ultramar. Dalloz, 1952, n. 79, pp. 89 e 90 «Os regimes de Protectorados são muito diferentes e naturalmente instáveis » - declara M. de Ia Pradelle, agente adjunto da França no Tribunal Permanente de Justiça Internacional, em 10, 11 e 12 de Janeiro de 1923 (ver Tribunal Permanente de Justiça Internacional, série C, n. 2) documentos referentes à Consulta n.* 4, pp. 151-154, «0 Protectorado pode evoluir tanto para a Independência como para uma verdadeira anexação». (Ver Fauchille, Tratado op. cit. 1925, n.* 558, p. 779). )

Parece-me contestável que o Tratado de Simulambuco tenha sido celebrado entre dois Estados de direito internacional, portugal e Cabinda, o segundo dos quais, na época da celebração do Tratado, quase não era reconhecido internacionalmente e talvez não reunisse, já em 1885, todas as condições indispensáveis para assegurar no seu território um funcionamento político, administrativo e judicial conforme as normas internacionais mínimas da época . ( Ver Despagnet, op. cit. n. X, pág. 238, e n.* 1, pág 254. Ver também Fauchille, Tratado de Direito Público Internacional 1925, Tomo 1, 2.1 parte, PAIX, Livro 1, cap. 2.* pp. 726 a 781. Igualmente Sibert, Tratado de Direito Público Internacional, Tomo 1, pág. 157, o Lampué, Sumário de Legislação Colonial, 1940, pp 77 e segts., e ainda pp. 89 e segts., e Sumário de Direito dos Povos do Ultramar de Rolland e Lampué. -Dalloz, 1952, n.* 79 e sgts., bem corno «Carta de M. Poincaré a M. de Fleriau, Encarregado de Negócios em Londres, de 23 de Agosto de 1912», em Documentos Diplomáticos Franceses, 3.' série, Tomo III, n. 319) . Donde se teria de concluir que, na falta de um verdadeiro Estado protegido, as convenções assinadas pelos Chefes ou Soberanos locais não assumiriam inteiramente o carácter de Tratados internacionais; que a manutenção desses chefes em funções não seria, talvez, mais do que um processo de administração indirecta e que não se trataria aqui senão de um «Protectorado colonial» que. por consequência, poderia dar lugar à anexação a uma colónia ou administrado juntamente com ela, enquanto que os habitantes poderiam mesmo receber a qualidade de «súbditos portugueses», nos limites (As palavras «súbditos portugueses», bem como os termos -francês» ou «português. existem, em muitos tratados, aliás interpretados em sentido muito amplo, e abrangem mesmo um certo número de protegidos». Ver, sobre este assunto, um debate sobre a interpretação de um tratado franco-japonês de 4 de Agosto de 1896; na câmara dos Deputados de França, nos «Arquivos Diplomáticos 2.1 Série, Tomo 64, pp. 218 e 219, bem como o Decreto francês de 25 de Novembro de 1913 no Clunet 1914, pág. 311, e o Relatório ao Presidente da República que o precede e, define o sentido da palavra «ressortissants» como aplicável tanto aos «protegidos» como aos nacionais propriamente ditos ) ou mesmo dentro da nacionalidade portuguesa ( Ver lampué, ibidem, pág. 63, n.O 87, Sibert, Ibidem, pág. 157, n., 111 e, de resto, a maior parte dos autores de Direito Internacional, cuja referência completa seria muito longa e sem interesse. )

Historicamente, recorreu-se largamente a este critério, antes e depois da Acta de Berlim, relativamente a tais protectorados na Bacia Convencional do Zaire, como atrás se Viu ( Ver, sobre este preciso assunto, Rolland e Lampué, Sumário do Direito dos Povos do Ultramar, op. cit. 1952, pág. 90. )

Com efeito, parece que, pelo menos sob o ponto de vista português, se operou progressivamente uma espécie de anexação prática de Cabinda e das suas populações. Esta tese não pode ser negligenciada e, em presença das disposições do Tratado de Simulambuco, em que se fala da «soberania portuguesa», pode ser seriamente sustentada ( comemoração anual do Tratado do Simulambuco, em Cabinda e em lisboa, foi portanto invocada em sentido contrário, não sem alguma razão.)

Por tudo isto, não faltará quem se apoie, talvez com certa pertinência, sobre o facto de que, no artigo 1.o do Tratado, os Príncipes ou outros Chefes do território declaram, por si próprios e em nome dos seus sucessores, reconhecer voluntariamente a soberania de portugal. E também podem ser invocados no mesmo sentido (como, aliás, no sentido oposto), o artigo 2., em que portugal reconhece e confirma a autoridade destes Chefes, e o artigo 9., onde declara que respeitará e fará respeitar os usos e costumes do território.

Acresce que, no artigo 3., portugal obriga-se a manter a integridade dos territórios colocados sob o seu protectorado, como já foi sublinhado e se recordará mais adiante.
Tudo considerado, poderá entretanto dizer-se e sustentar seriamente que nem os outorgantes portugueses, cada um deles ou todos juntos, nem a própria Cabinda, constituíam ou representavam, em 1885, um verdadeiro Estado, uma pessoa jurídica reconhecida pelo Direito Internacional e que, por conseguinte, não se tratava de um desses Tratados de Protectorado ocorridos, em diversas épocas, entre dois Estados internacionalmente reconhecidos, gozando de uma administração complexa e evoluída. Tratados que implicam relações entre um Estado protector e um Estado protegido organizado como são por exemplo, no fim do Século XIX e começos do século XX, os Tratados celebrados entre a França e a Tunísia ( Por exemplo, no seu discurso no Conselho de Segurança, a propor a admissão da Tunísia nas Nações Unidas, M. de Guiringaud, representante da França, insiste no facto de a Tunísia ser, desde há multo, reconhecida como um Estado de direito internacional "732.* sessão, de 26 de Julho de 1956" ) ou Marrocos". Ver Fauchille, Tratado de Direito Público, Internacional, Tomo 1, 1926, 2.1 parte, PAIX n., 176, pág. 264, e 1925 n.o 558, pág. 775 e Lampué, Legislação Colonial, Dalloz, 1940, pág. 5 e segts. bem como Strup, Tomo 1, p. 62, Adde Flore, do Protectorado Colonial e da Zona de Influência, na Revista Geral do Direito Público internacional, 1907, pág. 148, e Lampué, Sumário do Direito dos Povos do Ultramar, 1949, n.* 79, e Sibert, Tratado de Direito Público Internacional ).

Portanto, poderíamos deduzir de tudo isto, e de boa fé, que se trata, no caso presente, de um «Protectorado colonial», que não conferiu aos Chefes ou Príncipes Co-contratantes de portugal, ou aos territórios que eles representavam, uma soberania que não possuíam (e da qual talvez não tivessem ainda mais do que uma noção muito vaga). Todavia, este Tratado confirmou incontestavelmente a autoridade dos chefes; deixou-lhes, sob certas reservas, uma grande liberdade de administração e comprometeu-se a assegurar a integridade do território.
Este último ponto parece excluir tanto a futura alienação, por portugal, de toda ou parte de Cabinda a qualquer outro Estado, ou a sua fusão com qualquer outro território, qualquer que seja, (excepto talvez o da metrópole).

Uma indicação, juridicamente muito importante, desta interpretação das suas obrigações, por parte do próprio portugal, parece emergir da constituição portuguesa de 1933 que, na sua parte intitulada «Das garantias fundamentais», cita Cabinda, no n. 2 do artigo 1., de maneira totalmente distinta de angola, separando assim completamente a referida Cabinda de cada uma das outras partes do território português e, nomeadamente, da própria angola (É de sublinhar que, apesar do acto de 1956, que liga Cabinda a angola, a edição de 1971 da constituição portuguesa de 1933, no seu Título 1 «Da nação portuguesa», n. 2 do artigo 1. continua a distinguir Cabinda de angola (p. 7 da edição de 1971). )

De igual modo, a comemoração do aniversário do Tratado de Simulambuco foi sempre celebrada, em cada ano, em Cabinda (e somente em Cabinda), revelando como se mantinha, de facto, a distinção entre angola e Cabinda.

c) Qual foi, então, a natureza da ligação de Cabinda a angola, em 1956?

Todos os factos acima referidos conduzem a concluir que a ligação a angola, recentemente decidida, em 1956, por portugal, não pode ser juridicamente considerada como uma fusão com angola, que seria contrária à própria constituição portuguesa, mas simplesmente como uma medida de organização administrativa, que não afectou a personalidade jurídica de Cabinda.

Existem, aliás, numerosos exemplos internacionais desta espécie de agrupamento de territórios. Um dos mais claros é o da ex-Indochina Francesa», onde, sob a autoridade do mesmo Governador Geral ou Alto Comissário se agrupavam vários Protectorados, de tipos diferentes (por exemplo o Annam e o Camboja) ( Referidos como tais por Fauchille: Tratado (op. cit.) 1956, n.* 185, pp. 275 e 276. ) «territórios coloniais» (os do Hanoi, Haiphong e Tourane), uma colónia propriamente dita - a Cochinchina - que, em dado momento, foi quase assimilada, sob alguns aspectos, como outros territórios do Ultramar, ao território metropolitano, diversas fracções de territórios difíceis de qualificar juridicamente (por exemplo o Laos ) e um território sob simples arrendamento: Kouang Tchéou Wan.

Na verdade, precisamente alguns dos «Protectorados» da Indochina são relativamente comparáveis ao de Cabinda, nomeadamente alguns dos que outrora constituíam o actual Laos ( Sobre a situação dos territórios que depois constituíram o «Reino do Laos», ver Rolland e Lampué, Sumário do Direito dos Povos do Ultramar. 1949, pp. 124 e 125.)

Portanto, Cabinda, mesmo administrativamente unida a angola desde 1956, pôde continuar, não só geográfica, linguística e etnicamente, mas mesmo juridicamente, completamente distinta de angola, e ainda o continua a ser. Segundo a Constituição, portugal não tinha poder para, validamente, alienar verdadeiramente Cabinda a favor de angola, pelo acordo de 15 de Janeiro de 1975.

Isto é verdade, primeiro à luz da própria constituição portuguesa de 1933, mantida pelo artigo 1. da nova Lei Constitucional n. 3/74, em tudo o que não contraria esta Lei, (como é precisamente o caso do n. 2 do artigo 1. da Constituição de 1933).

Isto, por conseguinte, também é verdade à luz do artigo 1.0 da Nova Lei Constitucional e em face do Decreto-lei português n. 203/74, complementar da Nova Lei Constitucional, que no seu sétimo Título «Política Ultramarina», alínea b), estabelece que «as populações do Ultramar deverão decidir do seu futuro, no respeito pelos princípios da autodeterminação », o que é válido igualmente para Cabinda.
Finalmente, também é verdade à luz do Tratado de Simulambuco e da manutenção da integridade do território de Cabinda, que nele está claramente prevista.

III -A LIGAÇÃO ADMINISTRATIVA, EM 1956, DE CABINDA A ANGOLA PODERÁ CONSTITUIR UM OBSTÁCULO A QUE CABINDA SEJA PERFEITAMENTE INDEPENDENTE DE ANGOLA, NO MOMENTO DA INDEPENDÊNCIA DOS TERRITóRIOS PORTUGUESES?

- Parece evidente que a resposta é negativa.

a) Em Direito, nada existe, que seja do meu conhecimento - em qualquer hipótese, não há nenhum texto - que possa opor-se à independência de um novo Estado a partir do momento em que o Estado de quem ele dependia (neste caso, o Estado colonizador) abandone a sua autoridade sobre esse território.

b) Na Prática Internacional, a circunstância de Cabinda (ou qualquer outro território) ter estado precedentemente ligada administrativamente a determinada outra parte do território português (neste caso, angola) nunca constituiu um obstáculo.

Não se pode invocar, contra uma independência futura e distinta de Cabinda, tanto em relação a angola como a portugal, a sua ligação de 1956 a angola que, de resto e como já se viu, parece puramente administrativa e talvez pouco regular à luz da constituição portuguesa em vigor ( Já se referiu atrás - que o texto desta, não obstante a decisão tomada em 1956 de reunir administrativamente Cabinda e angola, permaneceu inalterado, continuando a distinguir Cabinda de angola, por uma parte na folha oficial, Diário do Governo n. 198-1.1 Série - de 23 de Agosto de 1971 (n.* 2 do artigo 1.1) e, pela outra parte, porque este texto continua em vigor, ainda actualmente, em virtude do artigo 1.* da Lei constitucional n.o 3/74, de 14 de Maio de 1974.

Nota do tradutor: Só deixou de vigorar após a promulgação da constituição de 2 de Abril de 1976.)


Longe de constituir um obstáculo, esta «ligação» chama, pelo contrário, a atenção, para muitos precedentes de colónias, territórios coloniais ou protectorados, agrupados sob administrações.

O número de exemplos é tal que seria fastidioso citá-los a todos. Limitamo-nos a referir os casos mais recentes, na própria África, de novos Estados irmãos, outrora agrupados na África Ocidental Francesa, mesmo nas fronteiras de Cabinda e, nomeadamente, na África Equatorial Francesa, um entre eles: a República Popular do Congo, vizinha imediata de Cabinda. Finalmente, sob a administração do mesmo Governador Geral belga, residente em Kinshasa, encontravam-se reunidos o Zaire, o Burundi e o Ruanda, para mais territórios contíguos. No entanto, o Zaire ao assumir a independência, em 1960, antes dos restantes, nem por isso reivindicou nem o Burundi nem o Ruanda.
A Indochina era constituída, também ela, por colónias, protectorados, territórios coloniais e um território arrendado, todos eles agrupados sob um único Governo Geral. Mas tal agrupamento não constituiu obstáculo à ulterior independência de cada um dos territórios agrupados.


Mais acima, sublinhou-se especialmente uma certa semelhança entre os casos do Laos e Cabinda: e o Laos é Independente.

Nenhum dos protectorados da Indochina, nem mesmo o Annam, era inteiramente considerado como um «protectorado de direito internacional » ( Ver especialmente Fauchille, Tratado, tomo, 1.1 parte, 1926, ibidem n., 185, p. 276, e Lampué, Sumário, 1940, pp. 382 e segts., n.* 485 a 489. ) e todos, até o Annam, estavam dependentes do Ministério das Colónias. Todos puderam tornar-se-e de facto se tornaram independentes. O Laos nem sequer existia ainda, de direito, em 1940, e na sua maior parte não passava de um «território colonial» sem nome, apenas subtraído à suserania do Annam. E, todavia, o próprio Laos evoluiu para o carácter de um Protectorado de direito interno, depois internacional pelo tratado de 29 de Agosto de 1941 ( Ver Lampué, Sumário de Direito dos Povos do Ultramar, 1949, pág. 124 e 125, n. 114. ) e, finalmente, por etapas, tornou-se primeiro um Estado associado e mais tarde, com todos os demais Estados da Indochina,completamente independente ( É interessante acompanhar as fases desta evolução nas obras do grande especialista da matéria, o Professor Lampué, e especialmente nos Sumários de Rolland e Lampué, edição de 1952, que revelam os progressos simultâneos da organização administrativa e judicial dos Estados da Indochina (nomeadamente nas páginas; 546 e segs., n. 565 e segts.). Ver também, sobre a situação Estados Associados» que precedeu a completa independência, no, «Império Francês» os debates parlamentares na Assembleia Nacional Francesa, 1959, pp. 2868 e 2869, e os da Assembleia da União Francesa, 1950, pág. 791 bem como os Tratados de Associação entre a França e o Vietname (4 de Junho de 1954), a França e o Camboja (8 de Novembro de 1949) e a França e o Laos (19 de Julho de 1949 e 22 de Outubro de 1963).)



E o mesmo aconteceu com as colónias que constituíam a AOF e a AEF.
Entretanto, convém notar que todos os precedentes acima citados se referiam a territórios limítrofes, unidos num «grupo de territórios». O facto de que esta união nunca impediu a sua evolução para independências distintas vale, «a fortiori», para territórios geograficamente separados.

IV -FRAGILIDADE DAS LIGAÇÕES POLÍTICAS ARTIFICIAIS

a) Importa sublinhar que, num passado recente, nem mesmo a contiguidade geográfica do conjunto de um território garantiu o Estado contra a revolta secessionista de uma ou mais das suas partes.

Este passado evidencia particularmente o facto de que as diferenças étnicas, culturais, linguísticas, históricas ou religiosas tornam muito frágil um Estado, mesmo de um só possuidor, quando é artificialmente unificado. Sob este aspecto são infelizmente muito instrutivos os exemplos recentes das dificuldades deste género, no Katanga e no Biafra, que nada separava geograficamente do Zaire ou da Nigéria. Explicam-se, em grande parte, pela diferença das populações, mas, em ambos os casos, tratava-se de regiões situadas dentro de fronteiras definidas no momento em que os dois Estados ascenderam à independência.

Que acontecerá quando, às diferenças bem maiores se acrescentar um afastamento geográfico, que frequentemente provoca (mesmo muito frequentemente) o nascimento ou desenvolvimento de sentimentos nacionais distintos?

b) Para os territórios não contíguos torna-se evidente que, muitas vezes, é preferível não os unir mais ou menos artificialmente.

Nos novos Estados independentes, a doutrina de manter as fronteiras herdadas da colonização e de não aceitar, em nenhum caso, o êxito dum movimento secessionista no interior desses Estados constitui talvez o único meio - a partir do nascimento do novo Estado independente -de se poder falar em fronteiras mais ou menos definidas e de assim se beneficiar de um começo de habituação, por parte de populações heterogéneas, a uma vida comum e, enfim, ao uso de uma língua de cultura comum, herdada do antigo colonizador, para consolidar e unificar o Estado. Mas tal doutrina parece bem difícil de aplicar quando muitos elementos do seu passado, da sua história, e multas diferenças étnicas, linguísticas e culturais separam seriamente certas populações do resto da sua nova Pátria e, por acréscimo, estão geograficamente separadas. Constitui uma evidência afirmar que uma unidade artificialmente conseguida não pode ser perdurável.

As dificuldades não tardam a surgir, como o demonstram exemplos bem recentes e bem vivos na memória de todos.

Por consequência, quando à falta de contiguidade geográfica se juntam diferenças substanciais, do género das que acabámos de referir, é muito mais sensata a solução recentemente adoptada para as Ilhas de Cabo Verde e a Guiné-Bíssau ( Os Acordos de lisboa, de 18 de Dezembro de 1974, entre portugal e o PAIGC prevêem a independência separada das Ilhas de Cabo Verde, em 5 de Julho de 1975 (nomeadamente no seu artigo 10.1), embora os dois territórios tenham constituído um partido único, na luta pela libertação.)

Evitou-se juntar aqueles que corriam o risco de se não entender. Na época moderna, os casamentos forçados não têm grandes probabilidades de êxito, tanto entre os povos como entre os indivíduos.

V -QUAL É O PRINCIPIO JURÍDICO QUE DOMINA A QUESTÃO DAS REIVINDICAÇõES DE INDEPENDÊNCIA?

Chegamos agora ao aspecto fundamental deste processo, que emerge do Direito moderno, nascido na época da descolonização: a questão do direito dos povos a dispor de si próprios. Este direito, que já não é seriamente contestado por nenhum autor, admite que um povo, depois de atingir um certo grau de evolução, pode reivindicar, se assim o pretende de uma forma incontestável, uma vida distinta, livre e independente.

A partir do momento em que o povo angolano foi considerado como tendo atingido um suficiente grau de consciência e de civilização, e da mesma forma a população de Cabinda, acrescendo ainda que portugal abandonou a sua autoridade sobre angola (e também sobre Cabinda) - como impor a Cabinda uma anexação ou fusão com angola, se Cabinda pretende uma vida separada e tem a consciência de constituir uma nação? Desde antes da última guerra mundial que, à face da doutrina, parecia impossível recusar-lhe esse direito. (Mesmo antes da guerra de 1939, no Direito Colonial de um Estado Colonizador (a França) Isso era considerado inadmissível. (Ver Lampué, Sumários 1940, op. cit. n.* 8, p. 9).)

No Direito recente, a Carta das Nações Unidas, nomeadamente rio seu artigo 73 ( 0 texto do artigo 73 b) da Carta é como segue «Art. 73: os membros das Nações Unidas que têm ou assumem «a responsabilidade de administrar territórios cujas populações ainda se não administram completamente por elas próprias, reconhecem o princípio do primado dos interesses desses territórios. Aceitam ... b) desenvolver a sua capacidade de se administrarem por eles próprios e tornar em consideração as aspirações políticas das populações»...) estabelece o compromisso de as Potências colonizadoras tomarem em linha de conta «as aspirações políticas das populações. Recusar tal compromisso seria também contrário a grande número de declarações e resoluções da Assembleia Geral das mesmas Nações Unidas, como, por exemplo, a Declaração 1514, de 14 de Dezembro de 1960, da XV. sessão, a qual proclama que «todos os povos têm direito à sua livre determinação ... » Por força deste direito, escolhem livremente o seu estatuto político e livremente promovem «o seu desenvolvimento económico, social e cultural». (Assembleia Geral, XV. sessão, texto francês, pp. 70 e 71, n. 2 do dispositivo, p. 7).

Também neste mesmo sentido se deve citar o Programa de acção para a aplicação integral da referida Declaração n. 2621, XXV. sessão, de 12 de Outubro de 1970, a qual interdita qualquer distinção que, sob este aspecto, se pretenda fazer entre pequenos e grandes territórios coloniais ( Ver este Programa de acção. Documentos das Nações Unidas, XXV. sessão da Assembleia Geral, pág. 2, na coluna do texto francês antes da parte dispositiva.)

E há, finalmente, a Declaração 1803, de 14 de Dezembro de 1962, XVII. sessão, acerca da «soberania permanente sobre os recursos naturais» (Números 1 e 3 da Delegação propriamente dita, pág. 15 da 2.1 coluna e 16 da coluna do texto francês.)

De resto, a experiência parece demonstrar que, a longo prazo, resulta vã toda a tentativa de impor uma autoridade estrangeira num território cuja população quer adquirir a sua independência. A recente luta do próprio portugal nos fornece um exemplo desta verdade.

No nosso caso, intervém um texto fundamental e muito recente, no qual portugal se obriga a tomar em consideração, principalmente e prioritariamente, os desejos das populações: é o Decreto-lei n. 203/74, de 15 de Maio de 1974, considerado como a aplicação prática das disposições constitucionais transitórias portuguesas (Lei n. 3/74) e às quais se refere expressamente o artigo 3. desta «Constituição Provisória. Este Decreto-lei consigna, na alínea b) da sua 7. parte, que os territórios do Ultramar português devem poder decidir sobre o seu futuro, no respeito pelos princípios da autodeterminação » (Ver publicação do Governo Provisório, intitulada «Os homens e os Programas» Tipografia do Anuário Comercial de Portugal- lisboa, Junho de 1974, pp. 27 e 44).

VI - QUAIS OS INDÍCIOS DA VONTADE DE VIVER EM COMUM, QUER EM CABINDA, QUER NO CONJUNTO ANGOLA-CABINDA?

Uma última questão parece dever ser estudada, visto afigurar-se essencial que seja resolvida de maneira juridicamente satisfatória: a da certeza da existência de uma vontade de vida comum, afirmada pela FLEC em nome da população de Cabinda, e que esta «vontade de vida em comum» se exprime pela consagração de um Estado distinto e independente de angola. E, como consequência imediata, é também naturalmente necessário por a questão de uma eventual verificação autêntica desta vontade de independência.

Quanto a isto, os documentos em meu poder indicam que, desde há muito e como já foi dito, se fundiram num só os movimentos de libertação de Cabinda (considerados como representativos no «dossier» que me foi enviado).

Trata-se de três movimentos -o Movimento para a Libertação do Estado de Cabinda (MLEC), o Comité de Acção da União Nacional dos Cabindas (CAUNC) e a Aliança do Maiombe (ALLIAMA). É desnecessário relembrar que todos estes movimentos se fundiram, de 2 a 4 de Agosto de 1963, para formar um movimento único: a Frente de Libertação do Estado de Cabinda (FLEC), cujo presidente é Luís Ranque Franque ( Actualmente meados de 1977, a FLEC é presidida por Henrique Tiago N'zita ).

A primeira vista parece, pois, que, a partir de 1963, a FLEC é perfeitamente representativa de todos os movimentos de libertação surgidos em Cabinda.

Em qualquer hipótese, não é o que se verifica em angola, cujos três movimentos de libertação nunca conseguiram entender-se senão em alguns pontos, e nunca o bastante para poderem apresentar um programa comum, como já referimos.

De resto, por um lado certas reacções da população Cabinda ao estabelecimento, no Enclave, da Delegação de um dos referidos movimentos angolanos e, pelo outro, a fusão dos três partidos Cabindas numa única FLEC (que parece antiga e sólida) constituem indícios muito expressivos da representatividade da referida FLEC.
Todavia, o conhecimento absoluto da vontade de Cabinda só poderia ser obtido por meio de um referendum, correctamente organizado e controlado, por exemplo, pela ONU, pela OUA ou por ambos estes organismos.

VII -SOBRE QUE PERGUNTA DEVERIA INCIDIR UM EVENTUAL REFERENDUM? EM QUE TERRITÓRIO DEVERIA REALIZAR-SE?

Em primeiro lugar, parece certo que o referendum não poderia ser eventualmente organizado senão unicamente no território de Cabinda, pois é apenas sobre ele (e todo ele) que incide a discussão. Teria, pois, por único objectivo, determinar o voto global das populações do conjunto deste território.

Uma única consults-se se continua a discutir a vontade dos Cabindas - deveria determinar a sorte do conjunto do território. E a organização deste eventual referendum deveria permitir que nele participassem, em grande parte, os Cabindas dispersos ou refugiados para além das suas fronteiras, nos territórios dos países vizinhos.

Finalmente, a questão posta deveria ser apenas, e numa forma muito simples, a da independência completa de Cabinda, tanto em relação a angola como a portugal.
Todas as técnicas adequadas já existem e são largamente utilizadas em multas outras regiões do mundo.

VIII - PREVISÍVEIS RESULTADOS DE UM REFERENDUM, NO ÂMBITO DA MANUTENÇÃO DA PAZ NA REGIÃO

Poderia terminar aqui. Julgo, porém, que é do meu dever chamar a atenção daqueles a quem possa ser submetida a presente consulta, para a gravidade de que eventualmente » revestiria uma má resolução deste caso.

Da ânsia de estabilidade, por parte dos novos Estados independentes, resultou (como já se disse) que as novas soberanias, na América latina, na África e na Ásia, teimassem em se confinar nas fronteiras herdadas da colonização. E também numa grande generalidade, os novos Estados concordaram numa oposição a qualquer tentativa de revisão das fronteiras ou de secessão de uma parte das populações dentro delas residentes.

Não é que, durante a maior parte do tempo, tais fronteiras tenham grandemente atendido à geografia física ou às afinidades étnicas, culturais e linguísticas das populações. Mas existiam; e não se queria ouvir falar de separar o que a sorte tinha unido.

Era - e sem dúvida continua a ser, aos olhos dos novos Estados - o único meio de evitar o caos.

Acontece ainda - será preciso recordá-lo? - que surgiram problemas, sempre que dentro dessas fronteiras se reuniam populações cuja «vontade de viver em comum» era bastante incerta.

Mesmo quando a revolta das minorias foi bastante longe (como no caso do Biafra), a coligação dos novos Estados independentes - quando as minorias revoltadas estavam englobadas num único bloco geográfico e colimiteiro com a maioria dominante - mostrou-se sempre hostil a todas as secessões. E todas as tentativas de secessão falharam (não sem provocar, por vezes, hecatombes e vivas tensões internacionais).

Mas, pelo contrário, idênticas tentativas separatistas lograram êxito, quando havia descontinuidade geográfica entre a parcela de território habitada pela população secessionista e a parte principal do Estado a que essa fracção estava ligada (por vezes mais ou menos artificialmente).

Tal é o caso do Bangladesh.

Se transferirmos estas realidades para o caso actual de Cabinda, parece-me dever sublinhar que, lógica e politicamente, pode surgir nesta zona de África um sério perigo para a paz, em duas hipóteses:

1 -Se não houver referendum em Cabinda, anexada a angola não obstante a separação geográfica e as diferenças étnicas, linguísticas e culturais, haverá o risco de aí se produzirem revoltas secessionistas contra Angola.

Poderão, então, as tropas angolanas ser tentadas a penetrar em Cabinda através do território do Zaire?

Os Estados vizinhos, e especialmente o Zaire, veriam com olhos serenos uma tal expedição militar?

Parece mais provável que levantaria sérias dificuldades.

Não seria melhor:

No caso de se estar seguro do desejo Cabinda de independência, dar-lha imediatamente, evitando até a pequena agitação que pode resultar de um referendum, e, se se não está seguro desse desejo de independência, organizar o tal referendum?

Se esse tal referendum conduzir à independência de Cabinda, esta eliminará todas as causas de atritos com os Estados vizinhos, todo o receio de ver renascer, à custa do Zaire, uma espécie de - corredor de Dantziq - e toda a possibilidade de eclodirem em Cabinda tumultos anti-angolanos.

2-No entanto, não devemos ignorar a hipótese de o resultado do referendum ser favorável à anexação de Cabinda por angola, Julgo que um tal resultado, mesmo rodeado de sérias garantias, certamente não asseguraria a paz. Ameaçaria levantar de novo o problema difícil e explosivo das comunicações entre angola e Cabinda, através da parte mais preciosa do território zairense, assim mais ou menos onerado com uma servidão de passagem.

Mil considerações colhidas na mais recente história política levam-me a concluir que a imediata independência de Cabinda, se a população a deseja, seria a melhor solução para assegurar a paz nesta zona.

Julgo que devemos recordar aqui as palavras do Presidente Nyerére: - Nenhum povo africano luta por gosto. Mas todos os povos do mundo querem viver livres. E é em desespero de causa que se sentem obrigados a morrer por essa liberdade ( Discurso de 8 de Janeiro de 1975, em Dar-es-Salam, - na cerimónia inaugural da 24.1 sessão ordinária do Comité de Coordenação para a Libertação da África.)

Em minha opinião, será melhor que este problema seja rápida e prudentemente resolvido, evitando tudo quanto pode provocar o recurso às armas.

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